A la hora de elegir un anillo de diamantes es importante observar y comparar los parámetros que determinan su valor:
Pureza
Determina la perfección de la pieza. Cuantas menos imperfecciones tenga mayor será su valor. Hay que tener en cuenta que las piedras preciosas puras son muy poco frecuentes. Normalmente presentan alteraciones en sus cristales o tienen cuerpos extraños en su interior. Estas alteraciones o cuerpos se denominan en joyería “inclusiones”, normalmente visibles al microscopio. Las inclusiones pueden corresponder a otros minerales o al mismo mineral que lo contiene. Las inclusiones también pueden ser orgánicas como restos de plantas o insectos.
Si se observan imperfecciones a simple vista (sin utilizar lupa ni microscopio) se debe reconsiderar su adquisición. El engarce o la montura también debe elegirse de forma que disimule las posibles imperfecciones del diamante. No es posible determinar el grado de pureza de un diamante si está montado ya que la propia montura puede disimular imperfecciones en el mismo.
Color
El color de un diamante puede ser amarillo, marrón, blanco o de otros colores. Pero la gran mayoría son de un color más bien claro o amarillo ya que los colores intensos son extramadamente raros.Cuanto más claro es el diamante más elevado suele ser su precio. Sin embargo, si el diariamente contiene raras t0nalidades de color puede tener más valor. El color de la piel de la persona que lleva el anillo también puede alterar la sensación del color del diamante. Una sortija con diamante sobre una piel oscura puede hacer parecer la piedra más clara. A la hora de comprar un diamantes de color blanco deberá observarse sobre un fondo blanco. El motivo es que un fondo negro pueden hacer parecer los diamantes amarillos como blancos.
El color de un diamante se mide con un rango alfabético desde la letra D hasta la Z. Cuanto más cercano a la D más claro es el diamante y cuanto más próximo a la letra Z más amarillento. Un ojo humano entrenado puede distinguir un cambio de la tonalidad del color blanco a partir de la letra H.
Tallado
El tallado no se trata de un atributo natural del diamante sino de una propiedad generada por el trabajo de un profesional altamente cualificado. El tallado de diamantes requiere de alta competencia y experiencia. El proceso de talla tiene una doble finalidad: Dar una forma determinada al diamante (redonda, oval, etc.) y perfeccionar su acabado. Un buen tallado hace parecer el diamante más brillante y con mejor lustre
Un brillante no es más que la talla redonda de un diamante. Si el diamante tiene otro tipo de talla no debe ser calificado como brillante sino como un diamante con un tipo de talla concreto, distinta a la redonda.
Un proceso de talla de alta calidad puede ocasionar una sensible pérdida de peso del diamante. Por este motivo el artesano debe buscar un punto de equilibrio entre el valor del peso del diamante y la calidad del tallado.
Peso
El peso de los diamantes se expresa en quilates. Esta medida no tiene nada que ver con su grado de pureza tal y como ocurre con el oro. Es frecuente fijar el precio por quilate de un diamante y luego calcular el precio total según su peso. Cuanto mayor sea el diamante mayor será el precio por unidad de quilate y por lo tanto, mucho mayor el peso de la pieza. Las fracciones de quilate se expresan en puntos donde 1 quilate son 100 puntos.
El peso del diamante es una propiedad tan importante como las otras tres mencionadas anteriormente. El motivo es que los diamantes de gran tamaño son mucho más escasos y deseados por la mayoría de los compradores.
Certificado
Es muy importante que los cuatro parámetros de valor mencionados anteriormente sean establecidos y constatados en un documento emitido por un Laboratorio de Certificación homologado e independiente. Hay que tener presente que una pequeña variación en los parámetros de calidad de un diamante pueden suponer significativos cambios en su valor.
Fotografía de anillo con diamante en solitario. Autor: Derek Ramsey


